lunes, 28 de noviembre de 2011

Continuacion del capitulo ocho

desgarrado. No sabía si acercarme o salir corriendo. Salí disparada en dirección de Miguel, no me atrevía a estar tan cerca de aquel hombre con la sangre fluyendo de su garganta.
Miguel estaba agazapado, listo para salta sobre un ciervo que se encontraba a unos metros.
- ¡Miguel! – Grité. - Él me miró sorprendido pero también asustado, jamás había gritado de aquella manera, pero nunca había visto un humano de aquella manera tan apetecible y así, dispuesto para ser mi cena, pero eso no podía ser, no podía pobrar esa sangre. En menos de medio segundo Miguel estaba a mi lado.
- Hay un humano desangrándose al otro lado de aquella roca. – Dije. Entonces vino a mi mente el rostro de Fernando. Miguel salió corriendo, yo no podía moverme, cómo había podido permitir que Fernando estuviera tan cerca de Mati, de David, de todos los humanos del pueblo… Me había prometido que no tocaría a ningún humano mientras estuviera aquí, y yo había confiado en él.
Volvió a mi mente la imagen de aquel pobre humano en el suelo muriendo, podría haber sido David… Fui a reunirme con Miguel, que ya estaba con la víctima, había utilizado un trozo de su camiseta para taponar la herida.
- Es inevitable, él va a morir, ¡como tú! - Dijo una joven que salía detrás de una roca. Era rubia, tenía los ojos azules, muy parecidos a los de Fernando. Dirigía una mirada envenenada hacia Miguel. Él no salía de su asombro, rápidamente se aparto del hombre.
- ¡Tu! ¿Has sido tu la que ha hecho esto? – Preguntó Miguel.
La joven rubia se reía satisfecha, al parecer, Miguel la conocía.
¿Por qué te sorprendes? Te prometí que acabaría con todo lo que te rodea, estarás solo. Estoy muy enfadada contigo, me ha costado mucho encontrarte esta vez. – Dijo, con las manos en la cintura y una risa terrorífica. – Además, ya me he cansado de matar a todos los que te rodean, no es que no disfrute, pero me aburre, así que he decido acabar contigo de una vez. – Dijo, acercándose rápidamente.
- Si es eso es lo que quieres, acaba conmigo de una vez. – Dijo Miguel.
No entendía nada que lo estaba pasando, Miguel nunca me habló de esa joven, ¿por qué quería matarle?

Ella levantó las manos y sacó sus colmillos, yo me agazapé y salté contra ella, no podía dejar que matara a Miguel. Nos caímos al suelo, ella cayó arriba, tenía los colmillos bien afilados, me di la vuelta lo que provocó que ahora fuese yo la que estaba encima. Estuvimos forcejeando mucho tiempo, era muy fuerte y rápida, estuve muy cerca de su garganta y saqué los colmillos, pero no quería matarla, sólo quería que se rindiese y se fuese.
- No, por favor, Gabriela, déjala. - Gritó Fernando a mi espalda. Me volví para mirarle, fue un segundo, pero el tiempo suficiente para que ella me cogiera, estaba a su merced, me había inmovilizado.
- Isabel, por favor, no lo hagas. - Dijo Fernando. Su mirada era suplicante. Nunca había visto a Fernando así, en su cara se veía el miedo mezclado con lastima.
La chica me soltó y se apartó. Enseguida Miguel estaba a mi lado. Al parecer yo era la única que no conocía a la joven, porque hasta Fernando sabía quién era.
- Volveré. - Dijo la chica, acto seguido me fulminó con la mirada. Salió disparada. Fernando cayó de rodillas y agachó la cabeza. Estaba tan asustada que no asimilaba lo que acababa de ocurrir. Jamás había luchado con alguien y menos con una vampira furiosa.

Me levanté para preguntarle a Fernando si estaba bien, pero Miguel me sujetó por los hombros.
- Déjale, vámonos. – Dijo. De vuelta a casa, Miguel no dijo nada sobre aquella chica. La imagen de aquel humano en el suelo, Miguel arrodillándose frente a ella, aceptando su muerte, la cara de Fernando… Habían sido demasiadas emociones.
- ¿Quién era ella Miguel? ¿Por qué quería matarte? – Pregunté.

Miguel bajo la cabeza y el silencio se prolongó. - Se llama Isabel. - Respiró hondo. - No te conté toda la verdad. Cuando Fernando me transformó, yo estaba furioso, quería venganza. Deseaba que Fernando pagase lo que me había hecho, y me vengué de la peor manera posible, trasforme a la hermana de Fernando. Quería hacer lo mismo que el hizo conmigo, necesitaba que él sufriera lo mismo. Pero no me sentí bien, ni satisfecho, mi pena fue mayor, había puesto fin a una vida joven, después de cinco siglos Fernando pudo perdonarme, pero ella jamás lo hizo y nunca lo hará. Desde entonces, ella me persigue y mata a todos los que me rodean, por eso Fernando está aquí, ella siempre me encuentra y Fernando siempre intenta convencerla. Isabel también culpa a Fernando por haberlo consentido.
Las palabras de Miguel me dejaron helada. Pensaba que Fernando no se preocupaba por nada, estaba tan equivocada, lo juzgué mal. Fernando tenía una pena mayor, sufría porque nunca podría estar con sus seres queridos. Por eso habían tomado camino diferentes, porque miguel había trasformado su hermana.
Fernando todavía sentía rencor hacia Miguel y sólo estaba aquí por su hermana, Miguel lo permitía porque se sentía culpable.
- ¿Por qué no me lo contaste nunca? – Le pregunté.
- Temí que quisieras dejarme o peor, que me temieses.
- ¿Quién es el hombre que ha matado?
- Un buen amigo. – Dijo. Pude ver la tristeza en sus ojos, podía reprocharle nada, ya tenía suficiente con su remordimiento. Además, yo tampoco era sincera con Miguel, le escondía un secreto.
- ¿Ibas a permitir que te matara?
- Sólo así, acabara todo, de lo contrario, ella seguirá matando, y temo por ti. – Dijo, cogiendo mi mano.
- Júrame, que jamás me dejarás y que no permitirás que ella te haga daño alguno.
- No permitiré que ella te haga daño, aunque vaya mi vida en ello. Cuidare de ti Gabriela. - Me prometió. Le creí, sabía que decía la verdad, sentí ira dentro de mi hacia a mi misma por no querer a Miguel como antes, por no haberlo querido nunca como se merecía.
Estuvimos ahí hasta que amaneció. Cuando bajé para cambiarme de ropa para ir al instituto, Fernando no estaba en la casa. Mati se encontraba desayunando. Le pedí que no abriese la puerta a nadie. Le expliqué más o menos lo que había pasado, no quería asustarla.

Llegué al instituto más temprano de la cuenta, estuve dentro del coche esperando a que los alumnos y los maestros llegasen. Con todo lo que pasó ayer no pude ir a casa de David, quizá sería mejor así.

Alguien toco la ventanilla del coche del lado del pasajero, mire rápidamente, era Fernando. No me había dado cuenta de su presencia, estaba tan concentrada en mi propio mundo… Abrió la puerta y se sentó.
- No me esperaste. – Dijo. No tenía signo de tristeza ni de mal humor en su cara.
- Pensé que no ibas a venir hoy, no te encontré en casa. – Dije.
- ¿Y perderme un día en el purgatorio? – Dijo, entre risas. Pero sabía que no estaba bien, intentaba disimular su tristeza, como yo.
- Ya te ha contado Miguel, ¿verdad? – Preguntó.
- Sí, anoche me lo contó todo. – Dije, mirando al retrovisor. Entonces vi como llegaba el coche de David, salí del coche para ver si lo veía mejor, ya empezaban a llegar los alumnos en sus coches. Fernando salió del coche y se puso frente a mí.
- Si estás enamorada de él, por qué no se lo dices. - Habló Fernando, dándose la vuelta y mirando en dirección a David.
- ¡Oh! Claro, por qué no voy y le digo: Hola David, soy Gabriela y estoy enamorado de ti, por cierto hay un problema tengo pareja y otra cosita… soy un vampiro. Pero no te preocupes sólo bebo sangre de animal. - Dije desviando la mirada.
- Pero qué eres un vampiro, él ya lo sabe. - Dijo Fernando.
- No estoy para bromas Fernando. – Dije fulminándolo con la mirada.
- No estoy de broma, te lo digo enserio.
No podía creerlo, cómo iba a saberlo, pero… por eso me susurraba en las clases, sabía perfectamente que podría escucharlo, luego estaba la película de vampiros que estaba viendo en, su habitación, y sabía que yo estaba en aquel árbol, por eso me llamaba. También estaba el día el coche, él estaba tan nervioso… y luego dijo que “no ha sido tan aterrador como pensaba”.
- Y lo de que tiene pareja… tampoco necesitas decírselo, porque él cree que estamos, juntos. - Dijo Fernando, con algo de sarcasmo en su voz.

Pero yo no estaba para bromas. ¿Qué voy hacer ahora? Si David sabe lo que soy por qué no me dijo nada, ¿habrá dicho algo a alguien?
Me monté en el coche y me fui a casa. Subí directa a mi habitación, me tumbé encima de la cama y estuve mirando el cielo. Tenía demasiadas preguntas sin respuesta.
Qué voy a hacer ahora, si realmente David sabe lo que soy, no quiero volver a la oscuridad, tampoco quiero poner su vida en peligro, no puede ser, un mortal con un vampiro. Y Miguel, qué pasaría con él. Esto no me puede estar pasando.

Me senté en la, cama. - La puerta está abierta Mati, entra. - Mati abrió la puerta despacio, llevaba un ramo de flores en las manos. Qué extendió en mi dirección.
- Miguel... – Dije. Pero Mati me interrumpió.
- No, es de David. – Dijo, poniéndome el ramo en las manos. Acto seguido salió por la puerta. Las flores eran pequeñas y de mi color favorito, azul cielo. No pude articular palabra, de cualquier manera, Mati ya se había ido.
Como descubrió que vivo aquí. Entonces vi que en medio de las flores había una nota. Al abrirla leí:
Estas flores se llaman “no me olvides”.
Cuenta la leyenda que un ángel se encontraba llorando a las puertas del paraíso del que Alá le había expulsado, porque el ángel amaba a una mujer mortal, solo sería perdonado si plantaba la flor “no me olvides” por todo el mundo. Cuando el ángel contó a su enamorada este requisito tan difícil de cumplir, ella prometió ayudarlo en su tarea. Tanto amor y sacrificio conmovieron a Alá, que otorgó la inmortalidad a la mujer y abrió las puertas del paraíso a los amantes.

¿Por qué me mandaba esas flores? Leí nuevamente la leyenda y fue cuando la palabra inmortalidad me llamo la atención, ya no sólo me preocupaba por la hermana de Fernando, ahora también por David.
Estuve todo el día pensando que iba hacer. Tenía que hablar con David, sé que Fernando no me mentiría sobre este tema, pero quería saber si realmente él creía que yo era un vampiro o si sólo lo imaginaba, ¿me tendría miedo? Intenté no pensar en nada de eso.

Fernando llegó del instituto y no dijo ninguna palabra. Miguel también llego de su trabajo. Fue algo incómodo, todos estaban callados y en su propio mundo.
Miguel no separó de mí, ni un segundo mientras cazábamos. Al otro día cuando Fernando me llamó para ir al instituto, no sabía qué hacer, no podía aparecer en el instituto, así, sin más, no podía mirar a David, y más sabiendo que él conocía toda la verdad. Así que decidí no ir, me quedé en casa nuevamente, con Mati.
- ¿Por qué no has ido al instituto hoy, cariño? – Preguntó, Mati mientras limpiaba las teclas del piano.
- Él ya sabe toda la verdad. – Dije, pasando el dedo con suavidad por encima de la cola del piano.
Mati dejo de limpiar y me miró. - ¿Quién sabe la verdad? – Preguntó expectante.
- David. – Dije.
Ella siguió limpiando como si no hubiera dicho nada. - Ya lo sé, cariño. – Dijo. Me quedé perpleja, cómo lo sabía si yo no había dicho nada. Antes de que pudiera preguntar, ella mismo se explicó.
- Hace dos años, miré la mano de David, y te vi llegar, pero fue algo extraño, sólo veía oscuridad, y esa oscuridad abrazaba a David, él se dejaba, él quería, buscaba la oscuridad y todo se oscureció, sólo comprendí lo que significaba cuando me dijiste que estabas enamorada. Yo puedo leer el futuro cariño, pero tu futuro se acabó el día que te transformaron, perdiste tu alma, por eso no pude verte. - Dijo ella, acariciando mi rostro con mucha suavidad.
- ¿Qué quiere decir que él se dejaba abrazar por la oscuridad y que lo buscaba?
- Cariño, tú te cruzaste en el camino de David hace mucho tiempo, eres su destino, no puedes luchar contra eso. – Dijo con seguridad, ese gesto fue algo que me llenó de valor, me hizo sentir que podía luchar por él.
- Eres la mejor mamá humana del mundo. - Ella se rió.

Al día siguiente estaba dentro del coche esperando ansiosa a Fernando.
- Creo que alguien te ha echado de menos en el purgatorio. – Dijo Fernando mientras entraba en el coche.
Estaba tan feliz, flotaba en mis propios pensamientos y el comentario de Fernando me hizo reír.
- Espero que esté todo como lo he dejado. - Dije con sarcasmo.
Fernando se rió. – Tranquila, los humanos sigue con sus vidas insignificante como siempre.
Cuando llegamos al instituto, busqué el coche de David, pero no estaba, ¿dónde estaría? Entramos en el instituto y lo seguí buscando por todo los sitios posibles, pero no lo encontré. Las clases se me hicieron eternas, iba a tener que darle la razón a Fernando, estaba siendo una tortura.
La última clase fue de filosofía, era la única clase en la que coincidía con David. Entré en la clase y tampoco estaba. Me senté en el mismo pupitre del otro día.
- Gabriela, podrías empezar a leernos tu trabajo. - Preguntó la profesora.
No me había acordado del trabajo de filosofía y David no estaba aquí. Antes de poder reaccionar, David apareció en la puerta, parecía estar buscando a alguien dentro d ela clase, entonces nuestras miradas se encontraron.

1 comentario:

  1. hola!
    acabo de subir mi parte. perdon por la tardanza! debés haberme odiado todo el día. pero fue feeriado y me ví con mis amigas y no tuve tiempo hasta hace un ratito.
    así que estaban destinados a encontrarse, eh!? esto cada día me gusta más. :)
    nos leemos! besos

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