Estaba en la cocina observando como Mati hacia la comida. Era interesante, pero no apetecible. No entendía por que no me temía, no es que quisiese que lo hiciese, pero habría sido una reacción lógica. Así que se lo pregunté.
¿Por qué no me tienes miedo?
-Ya he visto tantas cosas en mi vida, que pocas hay que me den miedo. – Contestó.
Así que yo no era el primer monstruo en su vida, aun así su reacción no era muy lógica, el miedo siempre estaba en todas parte, tuve la misma sensación que la vez que estuve con aquel humano, otra cosa que no tiene lógica, se supone o técnicamente o literalmente que yo estoy muerta y aún así podía sentir medo y muchas más sensaciones.
- Aún así, ¿no te asusta estar en una estancia con una vampira que se alimenta de sangre? - Pregunté. Ella seguía picando la ensalada, dio la vuelta cogió la ensaladera, y colocó la ensalada. Dio la vuelta a la mesa y se acercó con mucha prudencia. - Señorita Gabi, tú no eres un monstruo, y respecto a su dieta debería asustarme, ¿verdad? - Contestó con una risita y poniendo los ojos en blanco.
- Sé que tiene que ser difícil mi presencia para ti, pero de la misma forma que no te asusta, sé que estás haciendo un gran esfuerzo para estar a mi lado, a mi tampoco me asusta estar cerca de ti dijo. - Sé que decía la verdad, podía leer sus pensamientos, sabía qué era cierto todo lo que me decía y su respiración y los latidos de su corazón latía con normalidad. Pero ella se equivocaba, porque si me asustaba que en cualquier momento pudiera perder el control, me haría muy infeliz llegar a hacerle algún daño a ella, por muy pequeño que fuera, me mataría. Sentía un cariño muy grande por ella, pasábamos muchas horas juntas.
En una ocasión le pregunté porque trabajaba aquí, me dijo que era una especie de herencia y luego se rió. Su abuela, su madre... Todas habían trabajado en esa casa y ella cuando era niña venía con su madre, cuando sus padres murieron en un accidente de coche, ella decidió ocupar el sitio de su madre. Siempre hablaba de su familia con mucho cariño.
Cuando me quedaba sola, algo que casi nunca pasaba, porque siempre estaba con Mati o Miguel, intentaba acordarme de mi vida humana, de cómo sería mi familia, como sería mi vida antes.
Escuché el coche entrando en la garaje, Miguel había ido al abogado, había llamado pronto para decir que lo papeles que le había encargado ya estaban listos. Mati siguió haciendo la comida y yo salí en busca de Miguel. Esperé el en el salón sentada en el sillón con las piernas cruzada exactamente como había visto en una mujer de una revista, me fijé en el piano que estaba cerca de la escalera, ¿para que tenía un piano? Yo no sabía tocar y si mi memoria no me fallaba, Miguel nunca me dijo que tocase el piano.
En ese momento, Miguel entró en la casa con unos papeles en las manos, estaba leyendo muy concentrado, sería algo importante para no notar mi presencia. Él tenía que haberme visto, pero al parecer no, solté un gruñido, creo que un poco más alto de lo que esperaba, porque él miré con mucha rapidez de donde venía el ruido. Soltó una risita y luego me guiñó un ojo. Me levanté del sillón y me situé a su lado.
- Te estás tomando muy enserio la vida humana, ¿verdad? Como dicen los humanos… ¡estas muy despistado! ¿Cómo es que no has notado mi presencia? - Pregunté con un fingido enfado.
- Estaba fingiendo, para ver tu reacción, y tú ha reaccionado exactamente como una humana regañona. - Murmuró con sus labios pegados a los míos.
Estaría comportándome como una humana, o realmente Miguel no había percibido mi presencia y se invento esa excusa. Eso confirma lo que yo decía antes, las excusas son otro síntoma de los humanos.
Miguel se apartó centímetro de mi boca. - No es una excusa, cariño, solo quería ver tu reacción y créeme, te estás comportando como una humana. – Susurró. Estaba perpleja, no daba crédito a lo que escuchaba, no por lo de la excusa o porque quisiera ver mi reacción, ya que no me estaba comportando como una humana, tan poco era de vergüenza, era por el hecho de que había contestado una pregunta que no había formulado, como podía hacer eso, si los de nuestra especie no podíamos escuchar los pensamientos de los otros. Miguel me dijo que nunca pudo escuchar el pensamiento del vampiro que le transformó y nunca antes había podido escuchar mis pensamiento y mucho menos yo los de él. ¿Y si por una razón desconocida podíamos escuchar solo los pensamiento de los mortales al menos él y yo?
- ! Acabas de escuchar mis pensamientos! – Exclamé.
- Sí. – Afirmó. Como si fuera lo más normal. Debía estar realmente despistado, para haber contestado así, pero pasados unos segundos noté su expresión de sorpresa.
- ¿Cómo ha podido pasar? – Preguntó. Si no fuera por lo extraño de la situación, me habría reído del gesto de su cara. Pero lo que estaba pasando no tenía gracia, yo no lo entendía, pero lo que realmente me preocupaba es que Miguel tampoco lo hiciese.
- Miguel, creo que no ha sido la primera vez que pasa, ¿recuerdas el primer día que llegamos de cazar y al entrar en la cocina Mati me dijo que me iba me ayudar a buscar mi ropa? - Él asintió con la cabeza. – Era precisamente lo que yo estaba pensando pedirle cuando ella respondió, es como si hubiese leído mi pensamiento, pero yo creía que ella no podía leer mi mente y ahora tu también puedes. ¡Intenta averiguar que estoy pensando ahora!
Despejé mi mente, le pregunté por los papeles que llevaba en la mano.
- Son los papeles con nuestras nuevas identidades.
- ¡Has podido leerme la mente! ¿Qué está pasando?
- Vuele a pensar más cosas, vamos a probar de nuevo.
Hicimos varias pruebas, Miguel en todo momento respondía a mis preguntadas, las cuales formulaba con la mente, pero lo que realmente me sobrecogió fue haber podido controlar su mente. Le pedí que me enseñara los papeles del sobre, ahí es cuando puede leer que nuestras nuevas identidades correspondían a Gabriela Wolf Bravo de 18 años de edad y Miguel Méndez Bravo de 25 años de edad, después de enseñarme los papeles, Miguel estaba sorprendido, pero con la mente le dije que olvidara lo ocurrido, acto seguido Miguel me preguntó que era lo que había pasado. Le expliqué lo ocurrido.
- Gabriela, no es que yo pueda leer tu mente, es que tú puedes controlar la mía. No entiendo lo que sucede, es como una especie de poder.
- ¿Pero… es malo?
- Gabriela, eso depende de cómo lo utilices.
Estaba aturdida por el nuevo descubrimiento, tenía mucho que pensar. Así que decidí cambiar de tema. - ¿Por qué has puesto que tienes 25 años?
- Por mi profesión, necesito tener 25 años como mínimo. Seré abogado, ayudaré a meter a los criminales en la cárcel. Me bastará con leerles la mente y así sabré si son culpables o no.
- Puedes empezar por el señor que nos ha facilitado nuestras identidades, ya que según creo lo que ha hecho es ilegal. – Ambos reímos por mi comentario. Por una parte me alegraba, Miguel tenía razón, sería un excelente abogado, podría meter a los delincuentes en la cárcel porque sería un muy difícil que alguien le engañara, pero por otra lado estaba triste, eso significaba que él no estaría todo el día conmigo. Y ya estaba tan acostumbrada a tenerlo cerca de mí a todo tiempo…
- ¿En qué piensas, amor mío? – Preguntó Miguel, al ver mi mirada ausente, al parecer el ya no escuchaba mis pensamientos, ¿sería sólo podía escuchar los pensamientos que yo quisiera?
- Es sólo que ya no vas estar siempre a mi lado. - Contesté abrazándole.
- Siempre estaré a tu lado, cariño, pero no todo el día. - Comentó estrechándome contra su pecho. - Recuerdo que me dijiste que deseabas estudiar, llevar la vida de cualquier chica de 18 años. ¿Quieres que te matricule en el instituto?
No sería una mala idea, así no estaría tanto tiempo sola y los días pasarían más rápidos, pero todavía no me sentía preparada, Miguel decía que ya tenía un auto control sobre mi sed, pero yo no estaba tan segura y no quería arriesgar. – No, prefiero estar en casa esperándote. - Murmure. - ¡Como tu eres el hombre de la casa y pagas toda las facturas te dejare escoger la cena! ¿Qué prefieres palomas o ciervos? – Pregunté con sarcasmo.
¡hola!! ¡Hay, como me hizo reír Gabi! Es divina. Me gustan mucho tus personajes, y ahora tengo intriga por saber como es que ella puede hacer eso de la mente. :)
ResponderEliminar¡Nos leemos la próxima semana!