Recogí mis cosas y salí de la clase en busca de la cafetería y de Fernando, cuando entré, él ya estaba sentado en el fondo con tres chicas. Sólo estuve una hora lejos de él y ya estaba con tres chicas, creo que él debía ser el canguro pero tal y como iban las cosas, me iba a tocar a mí.
Fernando me miró y me hizo una señal de cabeza. Salí de la cafetería y lo esperé en el pasillo donde no pasaba nadie.
- ¿Qué haces con esas chicas? ¿Cuál fue la parte de pasar desapercibido, que no has entendido? – Murmuré furiosa, mientras él se acercaba con aquella risita tonta en sus labios.
- No hice nada, estaba sentado esperándote y ellas me preguntaron si podían sentarse, no iba permití que unas chicas tan hermosas estuvieran de pie. – Dijo. - Me encanta este instituto primita. ¡Ah! Una pregunta, ¿tenemos que comer esa comida horrible para humanos? – Preguntó, poniendo cara de asco.
- No lo sé, a lo mejor sí. - Contesté, pero mi atención estaba puesta en David que pasaba y me miraba fijamente.
- ¿Cómo pueden los humanos oler tan bien, con esa basura que comen? – Susurró Fernando, creo que para sí mismo. Al ver que yo no prestaba mucha atención a sus tonterías, me tiró del brazo para ir a la cafetería. David desvió la mirada hacia Fernando, era más bien de curiosidad.
- ¿Puedes soltarme? - Pregunté mentalmente a Fernando.
- Es algo irritante tenerte dentro de mi cabeza dando órdenes. - Susurró Fernando.
Disimulé una risita. Cuando entramos en la cafetería las chicas ya no estaban sentadas en la mesa. Fernando se sentó y yo fui a comprar algo para tomar, no tenía ni idea de que comprar, pero tenía que disimular que comía o bebía algo, a mi lado había una chica pidió una Coca-Cola, así que pedí lo mismo. A la hora de pagar, escuché una voz familiar a mi espalda.
- Te invito yo. - Era David. Me di la vuelta.
- No, gracias. - Dije mirándole a los ojos.
- Insisto.
- ¿Pasa algo Gabriela? - Era la voz de Fernando que ya estaba a mi lado con una mirada picarona, ni me había dado cuenta que él se acercaba hasta que me dio un beso en la mejilla. Por qué demonios había hecho eso.
David fulminó a Fernando con la mirada y luego se fue a una mesa, seguido por Jessica.
- Deja de mirar. – Susurró, Fernando.
- ¿Qué ha sido eso? ¿Por qué me has dado ese beso? - Pregunté enfadada. Se limitó a soltar una risita.
- Te he ayudado, y así me lo agradeces. – Dijo, como si estuviera ofendido.
- No se de qué me hablas. – Dije, mientras pagaba la Coca-Cola y me iba sentar en una de las mesas. Fernando siguió mis pasos como si fuese mi sombra.
- Está furioso, cree que somos novios. - Murmuró con burla. Hice como que él no hablaba conmigo, mientras habría la Coca-Cola. - Está celoso, y eso es bueno, significa que siente algo por ti. – Murmuró, otra vez Fernando, mientras yo daba un sorbo a la Coca-Cola, era algo extraño, estaba fría, pero no sentía sabor de absolutamente a nada.
- Gabriela, sé que desconfías de mí, pero te prometí ser bueno, y tranquila sé lo de David. Puedo controlar la sed por la sangre humana, pero no por sus pensamientos. – Dijo, mirándome con aquellos ojos del color del cielo. Así que él sabia todo, realmente había escuchado todo. Qué iba hacer ahora, Miguel no se podía enterar de nada, sólo le causaría dolor.
- No necesitas, manipular mi mente, te guardaré el secreto y si quieres te ayudaré.
No había pensado manipular su mente, pero no me venía nada mal ese poder.
- ¿Por qué? Eres como una familia para Miguel, eres su creador, ¿por qué prefieres ayudarme a mí? ¿Por qué debería confiar en ti? – Pregunté, dando vueltas a la lata de Coca-Cola de un lado a otro. Podía sentir la mirada de David en mi dirección, pero no iba a mirar.
- Supongo que Miguel no te habrá contado el motivo por el cuál tomamos caminos distintos, ¿no? – Preguntó, arqueando las cejas.
Hice un señal con la cabeza negando. - ¿Qué pasó? – Pregunté.
- Otro día te cuento, no puedo concentrarme con esa chica… - Dejó la frase en el aire y miró en dirección de la mesa donde estaban David y Jessica.
Sí las miradas pudieran matar Fernando y yo estaríamos muertos otra vez, la mirada de David iba hacía Fernando y la de Jessica hacía a mí. En sus miradas no había nada agradable. Sentía curiosidad por saber lo que estaban pensando, pero tenía que respetar los pensamientos de los humanos. Jessica intentaba llamar la atención de David, pero su mirada estaba fija en nuestra mesa y no desvió la mirada un segundo.
Sonó el timbre y Fernando se levantó cogiendo mi mochila, a lo mejor me había hecho una idea equivocada de Fernando, a lo mejor le juzgué antes de conocerlo.
Salimos de la cafetería a la siguiente clase, Fernando pasó las siguientes horas, cambiando miraditas con las chicas de las clases, más bien hipnotizándolas con esos ojos azules.
- Ella también está enamorada de él. - Dijo Fernando.
Yo no dije nada, seguí en dirección del aparcamiento.
- Ya te dije Gabriela, que puedes confiar en mí. – Murmuró.
Me di la vuelta y le miré .Pero en vez de encontrar su mirada, a través de su hombro encontré otra mirada, una mirada penetrante, cálida, la mirada de David. Me di la vuelta y entré en el coche. - Ponte el cinturón. – Dije, mientras Fernando se sentaba en el asiento del copiloto.
Escuché su risita, ya sabía lo que pensaba, ¿para qué un vampiro se iba a poner el cinturón? Si llegamos a tener un accidente, el coche sería el único que sufriría. Le iba a contestar sobre la importancia del cinturón y respetar las apariencias, pero en ese momento otra cosa llamó mi atención.
David abría la puerta del coche para Jessica y al cerrarla miró hacía a mí, desvié rápidamente la mirada, seguramente la llevaría a su casa, ¿estarán saliendo? Al pensar en esa posibilidad, algo estalló en mi interior. Debía haber pensado que él podría estar con alguien, cómo voy a poder verle todo los días con otra a su lado, debería alegrarme porque él tuviese a alguien en su vida, al menos él podía ser feliz, y eso tenía que bastarme, nadie en el mundo podría amarlo como yo lo amaba, pero tampoco nadie en el mundo podría ponerle en peligro como yo.
Cuando llegamos en casa, Mati estaba en la cocina, antes de entrar en la casa ya lo sabía, por el olor fuerte de su comida, cada día me acostumbraba más a esos olores, a Fernando creo que no le hacían mucha gracia, por su cara de asco. Los olores no eran nada apetecibles, pero ya no me importaba
- Hola Mati. - Le saludé, mientras me sentaba en la silla y ponía mi mochila en la mesa. Fernando siguió de pie en la puerta mirándonos.
- Hola cariño, ¿cómo fue tu primer día en el instituto? – Preguntó, abriendo una olla y moviendo algo que estaba dentro, lo que hizo a Fernando volver poner una cara de asco, sufoque una risita tonta.
- Es como estar en el medio del bosque con los animales, pero en el instituto son aún más apetecible. - Dije. Y ella se río.
- Pues yo diría que es el sitio más aburrido al que he ido en siglos. - Dijo Fernando que seguía parado en la puerta.
- Pues yo diría que estabas disfrutando, hipnotizando a aquellas pobres chicas. - Dije burlándome de él. Fernando se acercó y antes de que diera un paso más, le hice un gesto negativo con la cabeza, todavía no confiaba en él lo suficiente para dejarlo tan cerca de Mati. Lo quería bien lejos de ella. Fernando levantó las manos y se fue.
Acompañé a Mati un rato más, en la cocina, luego subí a mi habitación y me eché en la cama con la vista al cielo. No podía sacar la imagen de David y Jessica de mi cabeza, ¿estarían juntos? Pero si estuvieran juntos, él habría cambiado de pareja para hacer el trabajo. Estuve toda la tarde dándole vueltas en mi cabeza.
Escuché una familiar melodía sonando desde abajo. Bajé las escaleras y estaba Fernando tocando el piano, me senté en el sillón y dejé que la canción llenara toda la habitación con aquellas preciosas notas.
- ¡Hora de comer! - Dijo Fernando con sarcasmo y dejando de tocar el piano.
Miguel acababa de llegar, podía escucharlo metiendo el coche en el garaje. Minutos después entraba en el salón. Miró en mi dirección, sentada en el sillón, y luego a Fernando que seguía sentado frente al piano.
- ¿Cuántos criminales has metido entre rejas hoy? - Preguntó Fernando con una voz de burla.
Miguel ignoró a Fernando y vino en mi dirección, se arrodilló frente a mí. - ¿Cómo fue tu primer día de clase? – Preguntó, cogiendo mis manos y dejando su maletín a un lado.
- Mejor de lo que esperaba. – Dije, no hizo falta mirar a Fernando para ver su risita.
¿Es lo que querías? – Preguntó. - Has conseguido todo lo que propusiste, ¿recuerdas? - Dijo, y era verdad, vivía entre los humanos, estudiaba, tenía mi casa, pero me faltaba el más importante amor, si es que puedo tenerlo algún día. Yo asentí con la cabeza, Miguel levanto mi barbilla con la mano.
- Veo tristeza en tus ojos, ¿qué te pasa, cariño? - Qué le iba decir, que estaba triste porque David un chico humano puede tener novia y puede estar enamorada de ella y que me pone furiosa con sólo pensarlo.
- No es nada, sólo tengo sed. – Dije, él asintió con la cabeza, me cogió de las manos y miró a Fernando.
- ¿Vienes con nosotros? – Preguntó.
- Llevo todo el día esperando este momento. – Dijo Fernando. No pude evitar sonreír.
Fernando vivía tan despreocupado de todo, sólo le importaba llenar sus venas de sangre cada día, nada más, añoré el tiempo en el que yo vivía así, jamás creí que iba pensar eso, que me extrañaría vivir en la oscuridad. Pero cada día que vivía entre los humanos, por una parte por el control de mi sed, cada día me resultaba más llevadero, pero los sentimientos humanos, el cariño que se sentía por ellos, era tan complicado de entender.
Cuando llegamos en el torcal, no vimos ninguno ciervo, paloma u otro animal. Estaba todo desierto, como si hubiera ya algún peligro, que los animales hubieran captado escondiéndose entonces.
Miguel, Fernando y yo nos separamos para buscar alguna presa, me subí en unas de las rocas e inspiré el olor del aire fresco, pero había algo más, un olor a sangre fresca, pero no era la sangre de un animal, era una sangre más enloquecedora, más dulce, podía sentir el sabor de la sangre en mi lengua. Sólo podía ser sangre de un humano, miré a mi alrededor y a unos metros de donde estaba, al oeste había un hombre con el cuello
hola! que bueno leerte nuevamente! ya se extrañanba mucho a estos personajes.
ResponderEliminartranquila por mi historia, que el lunes llega rápido! :) lamentablemente eso significa que cada vez queda menos, pero en cuanto logre organizarme un poco empiezo a subir la 2da parte (que se va a llamar Cazadores: Michelle).
En estos días me siento a leer bien lo que me mandaste por mail. lo empecé pero qiero leerlo bien y tranquila.
un beso enorme y espero que estés bien. si hay alguna cosa de la que quieras hablar, estoy para vos (a pesar de la distancia y toodo eso). nos leemos!